El autor italiano define sus intervenciones en la vía pública como "experiencias poco convencionales" y no como arte urbano.
Rechaza que se le considere un artista y critica el aura divina que se le otorga a los creadores "como si fueran elegidos de Dios".
Se inspira en las formas del mobiliario urbano, la mirada de los transeúntes y "el sentido de imposibilidad" en el que considera que vive su generación.

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